Todos tenemos mounstros y un mounstro...
Espeluznantes los primeros,,
como nuestras primigenias pesadillas,,
la oscuridad y el encierro,,
la soledad, y el sobrecogimiento,,
somos más pequeños que nuestros miedos...
Los segundos horripilantes,,
cuasi enemigos nuestros,,
y tan nuestros...
Ocultarse de ellos,,
es como mentirle a un ciego.
Son nuestro apetito voraz,,
que llegando a la cornisa no podemos ocultar...
Llegando al borde,, nuestro único mounstro,,
nuestro yo original,, no tengas dudas...
va a saltar.
Y,,
sábado, 12 de diciembre de 2009
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